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¡Ganadora de la Beca de Giving Voice en Oaxaca, México!

Autora: 
Joni Luna, Sp

El pasado mes de julio fui bendecida con la oportunidad de viajar a Oaxaca, México, al Instituto Cultural Spanish Language/Immersion School después de recibir una beca de Giving Voice.   

Después de ingresar a las Hermanas de la Providencia en 2012, mis Hermanas de habla hispana me alentaron a educarme en el idioma español.  Recuerdo a la Hermana Florence Norton decirme, "Joni, el idioma está en ti. Sólo debes dejarlo florecer."

Debo admitir que tuve miedo real de dejar la comodidad de mi hogar y embarcarme hacia un país en el que no estaba siquiera segura de poder hablar el idioma.  Tampoco ayudó que algunas personas me recordaran las terribles cosas que podrían pasarme.  Sabía que el miedo no era una opción, y simplemente necesitaba confiar en esa sensación en mi corazón y dirigirme a Oaxaca, México. Decidí que dejaría de lado todos mis miedos para poder escuchar la invitación de Dios. Sabía que si podía salirme de ese camino, Dios me haría volver a tomarlo y sería mi guía.   

Llegar a Oaxaca fue surrealista.  Pude comunicarme lo suficiente como para encontrar un taxi que me llevara a la casa en donde me alojaría los próximos 21 días.  Sentí que había caído en los brazos de la Providencia cuando me encontré con la Hermana Soledad Hernández, de las Trinitarias de María de California.  Se quedaría unos pocos días más con su Hermana biológica en la misma casa en la que yo residiría.  Para mí, ella fue una bendición durante las primeras horas después de mi llegada.  Gracias, Hermana Soledad por su cordialidad. 

Comencé oficialmente las clases el lunes 9 de julio, pero sentí que mi educación comenzó cuando abordé en Aero-México hacia la Ciudad de México el 7 de julio.  La primera semana fue muy difícil. Apenas podía comprender lo que decían ya que todos hablaban muy rápido.  Después de escuchar el español durante dos semanas ininterrumpidas y de tomar clases, comencé a comprender más.  Fue como si algo en mí comenzara a florecer, pensé en las palabras de la Hermana Florence.  Sentía como si pedazos de mí se hubieran reunido con pedazos de mí que estaban esparcidos por el viento.  Pensé que la Hermana Florence tenía razón, "El idioma estaba realmente en mí".  Lo escuché mientras crecía. Mi amado abuelo, Francisco M. Luna, me hablaba en español.  Hasta comencé a soñar sobre mis abuelos en español.  Me despertaba sorprendida y plena de gratitud por estos encuentros Providenciales.   

     

La gente de Oaxaca me ayudó a nutrir mi deseo de aprender español.  Eran pacientes, amables, amistosos e indulgentes en mi lucha con el idioma.   Al principio, me preocupaba no contar con transporte. Sin embargo, recuerdo sentirme perfectamente segura caminando hacia y desde el colegio y yendo al mercado por la noche.   

También tuve la suerte de visitar algunos de los lugares más populares de Oaxaca.  Visité Monte Alban, un extenso sitio arqueológico precolombino; la ciudad de El Tule que es hogar de un árbol de 2000 años de edad y uno de mis puntos favoritos "Hierve el Agua", que es una piscina natural de agua mineral al borde de una cascada petrificada en la cima de una montaña.  Reunirme con las personas a lo largo del camino hacia la cima de la montaña fue una de las experiencias más bellas. Es como si hubiera retrocedido en el tiempo.  Pastores de cabras y ovejas guiaban su rebaño hacia arriba y abajo de la montaña para comer, las mujeres cocinaban fuera de sus chozas e invitaban a los viajeros a comer, los hombres subían y bajaban con asnos la montaña llevando provisiones.  ¡Qué hermosos regalos fueron estos encuentros para mi corazón y mi alma! Pensé en mis ancestros, y en como habrían vivido antes de llegar a los EE.UU. Admiré la simplicidad y comprendí, por primera vez, por qué Jesús se dirigía a menudo a la montaña a orar.  Extraño a Oaxaca, y el deseo de Dios volverá el próximo verano cuando continúe mi aprendizaje del español.

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