Usted está aquí

Debemos esparcir la semilla, no acumularla

Autora: 
Sister Gina Scaringella, OP
  • Sister Gina Scaringella, OP

Pues bien, ya sucedió. Sabía que esto pasaría tarde o temprano: no tuve oportunidad de asistir a un funeral en casa porque estoy como novicia aquí en el CDN. Se trataba del funeral de un ser querido de alguien con quien tengo una estrecha conexión debido a un ministerio que compartimos durante muchos años. El dolor que aflige a mi amiga es importante para mí, y deseaba estar ahí con ella.

¿Cómo puedo aceptar mi pesar? Mi amiga es compasiva, solidaria, devota y llena de fe. No está pensando en mi ausencia en el velorio y el funeral. Pero yo sí ciertamente. También pienso en el tiempo libre del Día de Acción de Gracias que no puedo pasarlo este año como solía hacerlo, con mi prima que tiene necesidades especiales. Es una larga historia, pero en resumen: es muy probable que ella pase el Día de Acción de Gracias con sus compañeros esta vez, porque yo no estaré ahí para visitarla. Y pregunto: “Dios, ¿es este realmente tu llamado para mí? ¿Me estás pidiendo que no preste atención a las necesidades de las personas que amo?”.

En el año 1217, Santo Domingo dijo a su grupo de 16 frailes principiantes que era el momento de dispersarse y predicar por el camino de Touluse a París, Roma y España. Al principio, los frailes no estuvieron de acuerdo afirmando que eran demasiado jóvenes y demasiado pocos. Santo Domingo insistió: “Debemos esparcir la semilla, no acumularla”. La semilla de los frailes era la Buena Nueva; y su misión, la santa predicación. ¿Cuál es mi misión? ¿Tengo yo, con un noviciado de 12 semanas, semillas que esparcir? ¿Es la predicación la esencia de mi misión en San Luis, Misuri? De alguna manera, sí lo es: esta semana, predicaré en la oración matutina y vespertina, y he estado estudiando y practicando la predicación todo el semestre en mi clase Fundamentos de la predicación. Sin embargo, como todas las dominicas saben, la predicación se da más allá de la reunión en la que comunicamos formalmente la Palabra.

Se da cuando visito a mi estudiante inmigrante Nadia para nuestras sesiones semanales de inglés. Cada semana, llego puntualmente a su casa con la esperanza de que sus conocimientos de gramática y vocabulario sigan avanzando. ¿Está mejorando su inglés? Así lo espero; todavía no estoy segura. ¿Estoy predicando? Mis visitas puntuales se basan en veritas, la verdad de la esperanza de que le hablo al alma: Nadia es importante..., para mí y para Dios, aun cuando ella llame a Dios con otro nombre. Somos hijos amados del mismo Dios. Ella me recibe con afecto cada semana, y hablamos de nuestras familia en casa (la de ella, en su país, y la mía, en Nueva Jersey). Me muestra fotografías de su hija, sus padres y sus hermanos, y yo le muestro las fotos de mis sobrinos y de otros parientes. A veces, tenemos problemas para entendernos, pero nos empeñamos. Entonces, ¿es esto predicar? Sí. Durante nuestras lecciones, casi siempre cuando menos lo espero, se va a la cocina y regresa con platos llenos de fruta, nueces y todo lo que puede ofrecer. Esta persona recién llegada a mi país quiere que yo, una recién llegada a su casa, me sienta bienvenida.

Y así es, me siento bienvenida y llena de humildad. Ella esparce la semilla que posee, y yo esparzo la semilla que tengo.

Y mi camino (ese que me impide estar presente en los funerales y atender las necesidades de mi familia), ¿es una predicación? Me atrevo a decir que sí. Anhelo las bendiciones familiares de casa y las relaciones que ahí me esperan. Pero por ahora, me he alejado de ellas con la confianza de que la cooperación con gracia engendra más gracia. También espero que mi decisión de estar aquí sea un testimonio, como lo es mi predicación, mi propia manera de esparcir la semilla. Aún quisiera poder consolar en persona a mi amiga en su dolor, y quisiera pasar la mañana del Día de Acción de Gracias* en compañía de mi prima. Estas no son frivolidades, sino actos de misericordia.

Sin embargo, son acciones que no me corresponde realizar, al menos por ahora. Tengo otra semilla que esparcir.

*Me siento agradecida de que mi familia pudo incluir a mi prima en sus planes de Acción de Gracias.

Hermana Gina Scaringella, OP