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Decir Sí a las Relaciones

Autora: 
Hermana Katherine Frazier, OP

Cuando asistía al secundario y a la universidad, a veces tenía mucho miedo de ir a clubes y eventos porque tenía miedo de ser la única allí. En vez de FOMO (Miedo a perderse algo), sufría de FOBA (Miedo a estar solo). Posteriormente me di cuenta de que mis miedos me alejaban de experiencias que podría haber disfrutado y de relaciones que me podrían haber aportado alegría. Me alegra decir que no estoy tan paralizada por este miedo como cuando tenía dieciocho años, lo que es bueno, ya que no fui acompañada por multitudes ni bandas ni clases en mi formación, y cuando profesé por primera vez a inicios de agosto, era la única en hacerlo en mi congregación, y he encontrado mucha alegría en esta decisión.

Cómo dice la letra de una canción del musical "Into the Woods", de Stephen Sondheim, "nadie está solo", y yo descubrí la verdad de esta línea cuando ingresé a la vida religiosa. Llevándolo a mi profesión, mi congregación, las Hermanas Dominicanas de Adrian, reunió a las hermanas de nuestra comunidad menores de 65 años e invitó a Dominicanas de otras congregaciones a unirse. Durante el tiempo juntas, recordé continuamente el regalo que mis hermanas significan para mí, y para el mundo, y salí con el conocimiento de nuestra fuerza comunitaria y la belleza de nuestras relaciones con las demás.

En el centro de todas nuestras vidas está la comprensión de que ninguno de nosotros está solo, ya que cada uno de nosotros está acompañado y guiado por Dios, y esta relación fue la base de los distintos cambios que me sucedieron en mi vida en estos últimos años. Mientras profundizo mi relación con Dios, sigo recibiendo la invitación a profundizar mi relación con los demás, y he descubierto el gran vínculo que existe entre mi relación con Dios y mi relación con los demás. Mi relación con Dios me sigue empujando hacia nuevos lugares y nuevas personas, aún cuando me sienta incómoda y asustada, y no puedo más que pensar que Dios quiere que sepamos cuán sorprendente es el Pueblo de Dios. Con el nuevo año escolar, he comenzado un nuevo ministerio en la escuela secundaria. He aprendido mucho sobre mi nuevo ministerio, pero también estoy aprendiendo mucho sobre los estudiantes con quienes me encuentro. Disfruto aprender cuán divertidos, extravagantes y adorables pueden ser los estudiantes, y recuerdo lo insegura que me sentía cuando tenía su edad. Me estoy dando cuenta de que mi corazón se esta abriendo al amor de estos estudiantes. Es así, después de todo lo que Dios desea de mí, ya que ser receptora del amor de quienes los rodean hará que estos estudiantes aprendan que no hay motivos para tener miedo de estar solos, ya que existe una red de relaciones alrededor de ellos.