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El Adviento: un Año Nuevo tranquilo

Autora: 
Sister Rejane Cytacki, SCL
  • Advent as a Quiet New Year

Cuando era maestra en las primarias católicas, me ponía todos mis atavíos de Año Nuevo y me paraba en el corredor con mi silbato gritando “¡Feliz Año Nuevo!” a los estudiantes que iban llegando el lunes por la mañana, después del primer domingo de Adviento. La primera vez que hice esto en cada escuela, las expresiones de los estudiantes fueron divertidísimas: confusión, sonrisas, algunos que pensaban “¿se volvió loca?” y solo uno o dos estudiantes de secundaria decían “Ah, ya sé: el Adviento es el inicio del Año Nuevo de la Iglesia”.

En cierto sentido, agradezco que la Iglesia introduzca el nuevo año litúrgico con la reflexión y la vigilia tranquila del Adviento, y con la oscuridad del invierno. Durante el Adviento, solemos pensar que la oscuridad es algo que se debe disipar y eliminar con la presencia de la luz. Este Adviento, reflexiono sobre la oscuridad como la presencia sanadora y amorosa de Dios. Me identifico con la letra de O Beautiful Darkness (“Oh hermosa oscuridad”), una canción de Velma Frye de su álbum Seven Sacred Pauses (“Siete pausas sagradas”).

Los brazos de la oscuridad nos sostienen,
Y nos revelan lo amados que somos.
Oh, hermosa oscuridad. Oh, reconfortante oscuridad.

Así como una semilla enterrada en suelo fértil y nutriente debe permanecer latente durante la estación del invierno, nuestras almas tienen necesidad de un período de descanso e introspección durante la temporada del Adviento. Dios nos invita y nos espera amorosamente en la oscuridad.

Abrázanos y envuélvenos.
Infúndenos y transfórmanos.
Oh, hermosa oscuridad. Oh, reconfortante oscuridad.

Es en la oscuridad donde logramos conocernos a nosotros mismos y reconocemos que la oscuridad y la luz coexisten. Ahora que se aproxima el solsticio de invierno cuando “nuestro sol se detiene” y la Navidad trae al Hijo de Dios a nuestro mundo, oímos el llamado a la quietud para reflexionar acerca de quiénes somos.

Rodéanos por completo,
Y mantén nuestra luz, como una estrella en el cielo.
Oh, hermosa oscuridad. Oh, reconfortante oscuridad.

Rejane Cytacki, SCL