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Meditación de Pascua

Autora: 
Sor Clara Mahilia Roache, ASCJ

A mediados de la Cuaresma, me pregunté cómo celebraría el gozo de la Pascua. Con frecuencia, durante la Cuaresma se me antoja mucho aquello de lo que me estoy absteniendo, sea comida o actividad tal vez; pero este año fue distinto.

Con algunas de mis hermanas, me ofrecí de voluntaria en un comedor popular. Es la primera vez para mí en este lugar en Roma, y las personas que acuden aquí son inmigrantes de todo el mundo. Parecía un banquete de países por la diversidad de gente y el ambiente festivo que reinaba en la sala.

Me sentí realmente cerca de la pobreza material y, al mismo tiempo, de Cristo. “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”. San Mateo 25:40; estaba escrito en las paredes del comedor. Sin embargo, antes de aplaudir mi buena obra, caí en la cuenta de que estaba buscando renunciar a algo, pero ¿sabía realmente por qué? Era para unirme más estrechamente a Cristo y a su misión. Si yo seguía siendo el centro de mi obra, no estaba realizando la suya. Aquí tuve un momento para reconocer mi propia pobreza y mi necesidad más básica: Dios y mi conversión personal.

Todos necesitamos a Dios, pero a menudo, nos aferramos a sustituciones y perdemos de vista quién y qué es lo que importa. Admito que, en ocasiones, nuestras necesidades pueden ser nuestra cruz, como lo sentí esa noche. Pero, como cristianos, aceptamos la cruz de Cristo como el camino a la Resurrección, y celebramos la victoria de Cristo sobre la cruz, todos los días, especialmente en Pascua. En las palabras de Timothy Radcliffe, OP: “Cargamos nuestra cruz no porque somos masoquistas…, sino porque significa que nos atrevemos a aceptar la vida que se nos dio, con sus alegrías y sufrimientos, sus bendiciones y limitaciones”. (Stations of the Cross [Estaciones de la cruz], página18).

Esperamos que la Cuaresma nos dé tiempo para reflexionar, para reconocer nuestros gozos, nuestros sufrimientos, nuestras necesidades y nuestras cruces. No se nos pide que llevemos la carga solos, porque Cristo está siempre con nosotros y tenemos una comunidad de fe que nos apoya. Por lo tanto, esta Pascua, recordemos el motivo de nuestra celebración y alegrémonos del poder de la Cruz sobre el pecado, la tristeza y la muerte. Regocijémonos en Aquel que vino a salvarnos, sintamos el gozo y dejemos que Su luz resplandezca en nosotros. Celebremos la Resurrección y todo lo que venga después. ¡Aleluya! ¡Aleluya!