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Reflexiones de una novicia sobre la Reunión Nacional de Giving Voice

Autora: 
By (Soon-to-be-sister) Meg Earsley

Ni siquiera soy una hermana religiosa. Al menos, todavía no. A los 46 años, decidí responder al llamado del Dios y comenzaré mi vida como religiosa en agosto de este año con las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua. A pesar de ello, tuve la bendición de asistir a la Reunión Nacional de Giving Voice en San Luis el mes pasado. Me preguntaba cómo sería una conferencia planificada y dirigida por las hermanas religiosas más jóvenes. ¿Tendría la profundidad y la conexión que yo esperaba?

Al entrar a los dormitorios de la Fontbonne University, la energía que hacía vibrar las paredes de la recepción y el volumen de las voces de las hermanas me dieron la bienvenida cuando recogí las llaves de mi habitación y mi camiseta de GV. Hermanas con y sin hábito reían y se abrazaban al encontrarse con viejas amistades y al hacer nuevas amigas.

La gran sala en la que pasamos los siguientes tres días era muy amplia. Se formó un círculo con las ochenta sillas. Es algo típico de las hermanas: colocar las sillas en círculo. A medida que los asientos fueron ocupados por hermanas de edades entre los 20 y los 49 años, era evidente que se trataba de un grupo maravillosamente diverso. Perdí la cuenta de cuántas hermanas eran políglotas, pero cuando una de ellas dijo que hablaba cinco idiomas, el clamor del grupo fue ensordecedor.

Sé lo que están pensando: ¿ensordecedor? A mí también me sorprendió. Antes de unirme a mi comunidad, pensaba que las monjas estarían particularmente en silencio y contemplación, como en “La novicia rebelde”, y aunque he aprendido mucho sobre la complejidad de las religiosas, el volumen durante el evento (sea por celebración, ánimo y alegría) siguió haciéndome sonreír. Pero no me malinterpreten: durante la misa y la oración, el silencio era tal que se oían los trinos de las aves que cantaban afuera.

La reunión fue organizada por las propias hermanas, y los días incluyeron una mezcla perfecta de relatos de experiencias personales, talleres y debates en grupos pequeños, intercambios con todo el grupo y un proyecto de arte significativo. El evento estuvo repleto de temas reales y profundos, como la persecución religiosa, el privilegio de los blancos y la crisis en la frontera. Los relatos eran experiencias personales de personas comprometidas a cambiar la vida y la mentalidad de los demás. A veces, las narraciones eran desgarradoras, pero fueron más las historias inspiradoras y motivantes. En cierto momento, miré el grupo a mi alrededor y pensé: “ESTE es el futuro y es maravilloso”.

Siendo tan nueva en la vida religiosa, al principio desconocía la división que existe entre las comunidades. Tradicionales o liberales, con o sin hábito, contemplativas o apostólicas: las comparaciones están presentes, detrás de todo el trabajo esencial que llevan a cabo las hermanas. No es muy diferente de la división que podemos haber leído que existe en la Iglesia, en el país y en el mundo de hoy. Quedé gratamente sorprendida cuando el grupo se sentó a hablar acerca de cómo podemos congregarnos en unidad para crear la comunión y respetar al mismo tiempo la diversidad de las hermanas religiosas. Me conmoví en especial cuando las hermanas, a las que otras señalaban como las del “lado” contrario, se unieron de verdad a la conversación concentrándose en escuchar activamente y en aliviar viejas heridas, de manera que todas podamos avanzar juntas.

En un mundo de diálogos dominados por palabras como “disminución” y “conclusión”, que son bastante alarmantes para esta futura hermana, la Reunión Nacional de Giving Voice fue una conversación dirigida al futuro, inmersa en la promesa de grandes cosas. La Iglesia está viva en estas hermanas inteligentes, elocuentes y apasionadas, que hablan varios idiomas y provienen de varios países, pero que, a pesar de todo, están totalmente comprometidas con seguir el camino de Dios, único para cada persona, en comunión con todas las hermanas religiosas.

Ahora que comienzo mi propio camino, mi experiencia en la Reunión Nacional de Giving Voice me inspiró y renovó en mí el compromiso con esta nueva vida. Al dar este paso, sé que camino con muchas otras hermanas que no solo me apoyarán y alentarán, sino que pondrán a prueba mi autenticidad a medida que avancemos a un futuro maravilloso. Juntas descubriremos en qué consiste exactamente, pero, si esta reunión y este grupo de hermanas son una muestra del porvenir, espero con emoción lo que sucederá.