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una reflexión sobre el fin de semana de retiro de 2019 para las hermanas de 20 a 39 años de edad

“Y”: una reflexión sobre el fin de semana de retiro de 2019 para las hermanas de 20 a 39 años de edad
Rhonda Miska

En las horas de oración compartida, las conversaciones durante las comidas, los círculos de intercambio y las charlas informales durante nuestro fin de semana para hermanas católicas jóvenes en el monasterio Our Lady of Guadalupe, una palabra que surgía una y otra vez era sencillamente: “y”.

Hablamos de la pasión que sentimos por nuestros ministerios que buscan encarnar el Evangelio acompañando a quienes viven marginados y de nuestro deseo de estar cimentadas en la oración. Hablamos de cómo nos sentimos arraigadas en nuestras congregaciones y sumamente agradecidas y revitalizadas por las relaciones significativas con compañeras de nuestra edad en la vida religiosa. Nos llenó de alegría reencontrarnos con hermanas que hemos conocido en las reuniones de formación de diversas congregaciones y encontrarnos con otras hermanas por primera vez. Compartimos nuestra experiencia de la labor sagrada de cuidar a nuestras hermanas mayores en su viaje final hacia Dios y de nuestra viva atención a lo que está naciendo en la vida religiosa en el siglo XXI. Nos reunimos como hermanas jóvenes con nuestras dudas, frustraciones y desilusiones, y nuestra gran alegría, entusiasmo y asombro por lo que vamos encontrando en nuestro camino y en lo que nos estamos convirtiendo en esta forma de vida. En algunas de las que estábamos en el retiro, había un sentimiento de arraigo en nuestro idioma materno y país de origen, y un espíritu valeroso y aventurero de emprender nuestra misión en los Estados Unidos en otros idiomas. Hablamos del “desprendimiento” a medida que las congregaciones disciernen y ponen en práctica la necesidad de adaptarse, y de la “aceptación” mientras soñamos en lo que llegaremos a ser como religiosas jóvenes. Estallamos en risas en los momentos de juegos divertidos (¿hay algo mejor que el juego anual de kickball de las monjas?) y derramamos lágrimas sagradas en los momentos de comunión de las almas cuando nos descalzamos ante el terreno sagrado de los relatos de la providencia y la misericordia de Dios en nuestras vidas. Hablamos de nuestra gratitud por la firmeza de las bases en las que nos apoyamos —nuestros fundadores y fundadoras, la sabiduría de hermanas y mentores que nos precedieron— y de nuestra energía para vivir plenamente en el presente, orientadas hacia un futuro esperanzador. Guardamos silencio contemplativo sentadas en la capilla, y expresamos y cantamos nuestras oraciones de intercesión, gratitud y alabanza.

Con todos estos “y”, nos reunimos como hermanas jóvenes, unidas en el amor a Dios; una comunión de personas, Creador, Hijo y Espíritu.

 

Fe profunda
Hermana Nicole Varnerin

“Necesario”. Es la palabra que me vino a la mente al final del retiro de Giving Voice para las hermanas de 20 a 39 años de edad. Este fin de semana fue muy necesario. Cada año, llego cansada y, cada año, me voy más cansada, pero agradecida por el tiempo, el espacio y la amistad. Creo que nunca antes sentí su necesidad tan intensamente como este año.

Hay algo liberador en ser comprendidas, en transitar este camino juntas, en sentir que no estamos solas. Muy a menudo siento que debo hacer esto sola porque soy la única en mi casa, en mi comunidad y en mi ministerio que profesó recientemente sus votos temporales antes de los 30 años. Dedico tanto tiempo a la introspección que termino convenciéndome de que soy la única que se siente así: que soy diferente, que estoy incompleta. Pero pude liberarme una vez más.

Cuando decidí arriesgarme y abrirme al círculo común, cuando describí mi sensación de ineptitud, inestabilidad, desequilibrio y desarraigo, mis amigas —mis hermanas— recibieron mi vulnerabilidad con amor. Permanecieron sentadas conmigo en silencio manteniendo un espacio sagrado y abierto por si necesitaba expresar algo más. Me recordaban delicadamente su presencia con un cariño, una sonrisa y, seguramente, una oración. Después de darme tiempo y espacio suficientes, reconocieron amorosamente mis sentimientos y confesaron que ellas mismas habían atravesado por experiencias similares. La fuerza de mis amigas, las compañeras más cercanas a mi “edad en la vida religiosa” que validaron mis experiencias y se identificaron con ellas, me abrió posibilidades. Al igual que yo, estas mujeres, a quienes conozco y quiero, a quienes admiro como modelos de oración y fe profunda, también se sintieron desarraigadas, incompetentes, desestabilizadas después de su primera profesión de votos.

Todas, incluida yo, esperamos estar más cerca de Dios después de la profesión de los votos, y la ausencia de ese sentimiento puede ser desconcertante. Me vi reflejada en este grupo de mujeres de fe profunda que me miraban con amor al validar mi experiencia e identificarse con ella. Me di cuenta inmediatamente de que NO era inepta, NO estaba incompleta y NO estaba sola; de que era, en realidad, una mujer de fe profunda como ellas, y que ni la intensidad de mis sentimientos, ni mi transición, ni mi experiencia podían cambiar esto. Nada ni nadie, ni siquiera una experiencia, puede arrebatarme la fe.

Mis hermanas de Giving Voice fueron muy reconfortantes para mí en ese momento. Y los amables recordatorios de sus oraciones y su amistad en este espacio durante el resto del fin de semana disiparon poco a poco la negatividad que me rodeaba. Al día siguiente, desperté con una paz y una alegría que solo podían provenir de una profunda fe interior.