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La promoción de la mujer en la vida religiosa

Author: 
Julieta Guadalupe Puente Rodríguez, OP
  • Julieta Guadalupe Puente Rodríguez, OP

"Bendita será, la mujer que hace opción, por la causa de Dios, por la ley del amor..."

-Rosa Martha

En una clase de Teología de la vida religiosa, en el CET-CIRM; la maestra nos lanzaba una pregunta, ¿Qué pasaría si la vida religiosa se termina? Cada una de las alumnas guardamos silencio y pensamos en qué haríamos si eso pasara. Hoy día es una preocupación latente, cada vez somos menos, mas enfermas, ancianas y con la misma tarea de responder a las necesidades de fe, de la Iglesia y de la sociedad.

Por eso, es importante que quienes aun creemos en este proyecto y que anhelamos ser signo del Reino de Dios, vivamos plenamente, seamos mujeres y hombres capaces de expresar a la humanidad que ese Dios Padre y Madre sigue manifestándose cada día en este, nuestro mundo.

En esta reflexión me enfocaré, en el papel de la mujer religiosa, su rol en la Iglesia y la necesidad de preparación, de acción y de testimonio en su actuar cotidiano. Así, el primer gran desafío que -- a mi entender -tenemos, es tomar conciencia y abrir caminos para que como mujeres lleguemos a ser un lugar teológico y desde allí vivir.

Pablo VI en la clausura del Concilio Vaticano II y ahora celebrando 50 años dice: "ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora"

Por ello la importancia de rescatar el papel de la mujer desde su liderazgo, en concreto en la vida religiosa, es necesario ser protagonistas de la historia, ofrecer testimonios de esperanza para otras mujeres y así en dignidad seguir construyendo una humanidad mas justa y pacifica.

No en vano Jesús motivó para que cada mujer que tuvo contacto con él, entre ellas María Magdalena, la hemorroisa y muchas mas, recuperaran su dignidad y caminaran con la cabeza erguida, sintiéndose amadas y valoradas por ese Dios de gratuidad que reconoce la bondad, la ternura, la fidelidad y la capacidad de dar vida. Urge que cambiemos nuestro pensamiento y enfrentemos a nuestra cultura patriarcal para crecer, valorar aun mas el "ser mujer" y nuestro papel dentro de la sociedad.

Retomando la preparación que recibimos en nuestras congregaciones, en la mayoría de los casos es concretamente profesional (maestras, enfermeras, trabajadoras sociales, etc.) y mi pregunta es, ¿no podríamos hacer eso fuera del convento, incluso con mas libertad?, mi invitación es a reflexionar sobre la vida en comunidad, es decir, es necesario aprender a vivir esta opción de vida, aprender a ser hermanas, familia, crecer unas a otras desde la experiencia de Dios, encarnar ese Verbo, ser mas felices y como consecuencia, seremos invitación para que otras mujeres anhelen venir a vivir con nosotras.

El mundo nos rebasa, va a mil por minuto y pareciera que nosotras estamos tranquilas de ver que la Iglesia se ha estancando en el s. XVI, es necesario que caminemos y nos formemos para responder a lo que hoy nuestra sociedad necesita, de lo contrario, seremos una vida religiosa caduca.

Por otro lado, las tecnologías, el ecumenismo, los diferentes carismas nos ofrecen la oportunidad de renovarnos y ser mas creativas en nuestra labor, ofrecer una evangelización de calidad, desde una experiencia profunda de Dios que camina con su Pueblo, se manifiesta y le anima a seguir aun a pesar de la tempestad. No podemos tampoco ser ajenas a lo que pasa en nuestro país, esta ola de violencia y muerte, que nos reclama compasión y respuesta como mujeres que optamos por la vida.

José Ma. Castillo, escribe un libro muy interesante, "El futuro de la vida religiosa", y allí menciona, la importancia que tiene trabajar nuestro ser por una vida de coherencia, transparencia y plenitud. Habla fuertemente en cuanto a qué seria lo que define a un religioso, religiosa. "...que a los religiosos, religiosas se nos reconozca y se nos distinga no por el tipo de casas en que vivimos y menos aun por nuestras vestimentas o cosas parecidas, a los religiosos y religiosas se nos tendría que reconocer porque somos personas tan profundamente humanas, que se han liberado de la inhumanidad que todos llevamos dentro. Y, además, porque somos tan sensibles a todo lo que afecta a la humanidad que la gente al vernos, no tenga mas remedio que decir aquí hay algo que humanamente no tiene explicación."

Los votos, la oración, nuestras constituciones y todos los medios que tenemos para crecer no tienen razón de ser, si nuestra vida no ejemplifica a los demás, es decir, somos testimonio de lo que vivimos, así que, el compromiso esta en manifestar concretamente el proyecto del Reino, el Evangelio encarnado en todo lo que somos y hacemos.

Sencillamente podemos sintetizar nuestra misión en este gesto: preparar incesantemente una morada para Dios allí donde estamos, (colegios, hospitales, parroquias u otros) instaurando vínculos sanos y siendo ministras para que su Espíritu llegue con éxito y el Evangelio se haga vida.

Termino esta reflexión con esta cita bíblica que es inclusiva y la vez retadora para confiar en ese Dios al que alabamos y predicamos: "Hermanas y hermanos alegrémonos en el Señor en todo tiempo, alegrémonos y demos a todas y todos muestras de un espíritu muy comprensivo y en cualquier circunstancia recurramos al Dios de la vida, el nos guardará en su corazón y su paz se instalará entre nosotros y nosotras" (Filip.4, 4).